
En Francia, es imposible imaginar una comida digna de ese nombre que no esté acompañada de un alimento tan natural como el pan. La Beauce, que se distingue desde lejos por la aguja de la catedral de Chartres, merece por ello el sobrenombre de granero (de cereales) de Francia.
El Valle del Loira es una región tradicional de cultivo del espárrago y ocupa el tercer puesto nacional de producción. Su feudo es la Sologne, al igual que para la fresa. Tan sólo han pasado 15 años desde el nacimiento de La Mara del bosque, pero esta fresa ya es una estrella. Es muy perfumada y nace de la unión sutil entre 4 variedades antiguas de fresa.
La charcutería también ocupa un lugar importante en Touraine con los rillons y rillettes de Tours. Estas son una especialidad local antigua, muy artesanal ya que antaño su fabricación era exclusivamente familiar.
La caza inspira a los chefs recetas siempre nuevas: el gusto por la tradición heredada de siglos anteriores y que Rabelais describió a través de sus célebres personajes de Pantagruel y Grangousier.
Desde los estanques de Sologne a los meandros del Loira, la región ofrece rincones tanto para disfrutar de la pesca como de los placeres culinarios. La presencia del agua dicta el menú: carpas, lucios, anguilas, truchas o luciopercas ocupan un lugar privilegiado en las cartas de nuestros chefs.
La tarta Tatin también es una estrella, si bien con más años ya que nace a principios del siglo XX en Lamotte-Beuvron, en pleno corazón de la Sologne. Las hermanas Tatin son sus creadoras pero el misterio de su creación permanece, y son muchas las historias que se cuentan al respecto. Ahora bien, lo importante es que esta tarta de manzanas caramelizadas envueltas en masa quebrada es absolutamente deliciosa y única.